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jueves, 22 de septiembre de 2011

ARTIGAS, SIERVO DE DIOS




Cuando la enfermedad de Artigas  se agravó, manifestó deseos de recibir los últimos sacramentos. En  los momentos  en los que el Sacerdote iba a administrarle el Santo Viático, Artigas quiso levantarse.
La encargada del aderezo del Altar, le dijo que su estado de debilidad le permitía recibir la  Comunión en la cama a lo que el General respondió "Quiero  levantarme para recibir a Su Majestad."
Y ayudado de los presentes se levantó,y recibió la Comunión, quedando los muchos  circundantes edificados de la piedad de aquel grande hombre

El General  después de recibir el Viático había quedado tendido en su catre de tijera y lonjas de cuero; en la semioscuridad se distinguía el crucifijo, colgado en la pared sobre la cabeza blanca, tan blanca como los lienzos del pequeño altar en que brillaban los dos cirios inmóviles...El  silencio se prolongaba, el silencio de la enorme proximidad. Las respiraciones se contenían: las miradas estaban concentradas en aquella cara aguileña, no muerta todavía. Artigas, que tenía los ojos cerrados, los abrió de pronto desmesuradamente. Causaba espanto, parecía muy grande. Se incorporó, miró a su alrededor...¿Y mi caballo? gritó con voz fuerte e imperiosa.¡Traiganme mi caballo!...Y volvió a acostarse... Sus huesos, ya sin alma, quedaron tendidos a lo largo del catre.

JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN, La epopeya de Artigas, Montevideo, primera edición 1910